Poco a poco Elsa empezó a escuchar gente, ¿pasillos? si, algo así, suelas de zapatos de goma, notó la brisa en su cara, en sus brazos, el frescor en toda su piel, olió el ambiente húmedo , a hoja mojada. Con un poco de esfuerzo consiguió mover el pulgar derecho. Sin querer lo acercó a su índice y notó algo frío. Tampoco sintió nada en su dedo índice, estaba aún dormido. Saboreó su saliva. Tenía pinta de no haber hablado desde hacía mucho tiempo. Se dio cuenta de algo que había estado ahí desde el principio. Un pitido intermitentemente constante. Ya estaba bien de tanto misterio, intentó abrir los ojos aunque antes de hacerlo ya sabía lo que iba a ver. Un hospital. Pero no, un segundo. No podía abrir los ojos. Algo se lo impedía. Una venda quizá. Reunió todas sus fuerzas para dirigir sus manos a su cara, efectivamente, una banda cubría sus ojos. Entonces se dió cuenta de que lo que tenía en el dedo índice era una especie de plástico. Lo había visto en películas, era para tomar el pulso y para monitorizarlo. Notó unos pasos que terminaron cerca de donde ella se encontraba. Escuchó el sonido de unos folios
-Hola Elsa- dijo una voz que provenía de la misma dirección que los pasos
-¿Quién eres?- dijo ella incorporándose.
-Espera, yo te ayudo - dijo una voz femenina bastante agradable - Me llamo Leonor. Soy médico
Después de una pequeña pausa, continuó hablando.
-Elsa, estás en un hospital desde hace unos días. No sé si te acuerdas de lo que pasó,- ella negó con la cabeza - em..... bien.... tuviste un accidente, se derrumbó parte de tu casa, en concreto la parte donde te encontrabas tú. Pero por suerte estás viva.
Poco a poco, la chica empezó a recordar algo, no mucho, imágenes. Estaba en la cama y de repente... no recordaba nada más.
-¿Por qué tengo una venda en los ojos?-preguntó.
-Bueno, verás, caíste de una segunda planta y por suerte estás viva. Era la casa que tus padres estaban intentando arreglar, la de tus abuelos. Te rompiste una pierna, la tienes escayolada, la recuperarás. Pero no hemos podido hacer nada con tus ojos. Elsa, estás ciega.-
Elsa notó como se le venía el mundo encima, todo se desmoronó. Se hizo la pregunta que se hacen todos ante una desgracia así. <<¿Realmente me lo merezco?>>
- No puede ser. No puedo estar ciega, ¿cómo voy a ver los trastes de la guitarra? ¿ o las teclas del piano?¿ o el lápiz y el papel cuando dibuje o escriba? ¿o leer partituras, o libros?
- No te preocupes hay muchos músicos ciegos que llegan muy lejos, aprenderás a sentir incluso mejor que todos los demás.
- ¿En que trabajas? - Preguntó de repente Elsa
- Soy cirujana - Contestó Leonor.
- Necesitas tus manos para operar ¿verdad?
- Si, pero ¿dónde quieres llegar?
- Solo quiero que sepas que al igual que tú necesitas tus manos para operar, yo necesito mis ojos para dibujar, escribir, y leer música.
Leonor se quedó de piedra. Nunca en su ida le habían dicho algo así. Era cierto. Tan cierto como el día en el que vivían. Se le encogió el corazón, no sabía que decir pero al momento cambio de tema.
- Elsa, tu familia está esperando fuera, les diré que entren, Vendré a verte en una horas.
La medica salió de la habitación, y tal y como le había dicho a Elsa, hizo pasar a su familia. Entraron todos: Su madre, su padre y su hermano. Nada más verla, su madre, que tenía lo ojos húmedos, le dio un abrazo enorme, y le plantó un beso en cada mejilla. El padre y el hermano la saludaron muy contentos, y empezaron a hablar de lo que habían hecho esos días y cuánto la habían echado de menos.
Elsa era una chica de 16 años, alta con el pelo largo negro y rizado. Tenía unos ojos marrón miel muy grandes. Ella no se consideraba muy guapa pero lo era. Tenía un hermano mayor llamado Kurt con 18 años, iba a entrar a la universidad. Era alto , ojos oscuros, pelo corto y con el filo de la barba recortado. Tenía una nariz un poco ancha, pero acorde con su cuerpo. Su madre era más baja que ellos, pero con sus 52 años parecía muy joven y más cuando se arreglaba. Era muy guapa. Su padre era el más alto aunque Kurt lo había superado un centímetro.
A Elsa le encantaba la música, iba al conservatorio desde hacía 9 años, tocaba la guitarra y más de una vez había ganado un premio. Era una familia humilde que apenas tenía enemigos, aparte de los envidiosos. Pero sobre todo, eran una familia feliz.
