miércoles, 26 de febrero de 2014

Experiencias

Hacía ya tiempo que no me iluminaban unos focos desde todo lo alto, hacía ya tiempo que no sentía frío y calor a la vez , hacía tiempo que no sudaba y temblaba en el mismo momento, hacía tiempo que no me subía a un escenario para cantar.
En principio iba a ser solo cantar la versión de un profesor del himno de Andalucía, pero como en el primer turno una chica bailó y en el segundo ya no quiso, sobraba tiempo, mucho tiempo, así que decidieron llamarme para tocar o cantar algo. Les dije que si querían podía tocar algo clásico, pero que quizá se aburrirían.

Puse la funda de mi guitarra a modo de pedal improvisado, me senté en la silla y apoyé mi guitarra sobre mi pecho. En ese momento noté como mi instrumento no podía estar quieto, se movía al ritmo de mis latidos. Parecía que se me fuese a salir. Intenté relajarme pero eso siempre se me ha dado mal, empecé y me evadí de todos los ruidos, barullo, comentarios... La obra era curiosa, acababa con unos armónicos que fue lo que más llamó la atención de los alumnos de mi instituto. Por no decir que fue lo único. Cuando acabé no querían volver a clase así que me pidieron que cantase algo, miré a la profesora y aprobó la idea con un gesto de cabeza.

No sabía que cantar en ese momento, lo único que se me ocurría era cantar alguna composición mía, cosa que nunca había hecho. A saber como saldría eso.... En fin, salí al escenario y me dieron el micrófono.

No creí necesario presentarme ya que todos sabían quien era yo, en casi todos los eventos del instituto me meten, cantando o poniendo música a algo.

Hablé poco, ni un minuto. Simplemente el tiempo de dedicarle la canción a aquellas personas que desgraciadamente me habían inspirado a componer aquella canción. Los padres de dos chicas y el abuelo de una amiga.

Cuando me senté en la silla noté como sudaban mis manos aún más que antes, mi cuerpo temblaba como si tuviera frío, pero tenía calor. Mis dedos, aunque supuestamente deberían ser mas ágiles con el calor, parecían más lentos por los nervios.

Respiré hondo y empecé a cantar. Justo en la segunda estrofa me pasó algo, no se qué fue, pero se me olvidó la letra, los acordes, todo. Me quedé en blanco totalmente. No podía seguir, me miré las manos, estaba temblando. Escuché aplausos, gritos y silbidos de apoyo. Miré al público  y di las gracias. Me quité las gafas, no se por qué pero bueno. Me sequé el sudor de mis manos en mi rodilla izquierda y volví a respirar hondo. Noté los latidos de mi corazón. Parecía que el público pudiera oírlo. Empecé de nuevo y esta vez si pude terminar. Si pude acabar y salir del escenario con la cabeza bien alta. Lo había hecho, por primera vez en toda mi vida he cantado una canción mía propia en un escenario. Por primera vez. Una profesora se me acercó y me dio un abrazo, otros me felicitaron. Después de salir del escenario aún estaba nerviosa, mi cuerpo temblaba, nunca pensé que fuera aquel día y en ese momento cuando yo diese a conocer aquella canción. Por eso siempre pienso que los momentos que no se planean son los mejores. Los que se improvisan son los que no se olvidan , los que dejan una huella imborrable en el corazón, y desgraciadamente también lo aplico a todo lo malo. Pero bueno.

Antes de despedirme, me gustaría comentaros algo. Voy a dejar de escribir, bueno realmente no. Voy a dejar de subir mi historia a este blog. Me gustaría terminarla, perfeccionarla, y arreglar cosas fundamentales para su comprensión y para eso necesito tiempo, un tiempo del que no dispongo por ahora. Pero algún día espero terminarla y subirla a algún medio de estos. Bueno, acabo ya. Así que... espero que os haya gustado :3